24.10.15

La chica que solo no veía yo

Me desperté una mañana de verano, de esas en donde la cabeza parece haber reiniciado todo lo que venía haciendo. Me di cuenta de que mi cama estaba demasiada ordenada para que yo haya dormido en ella. Me vestí y mi ropa estaba muy limpia y planchada, todo se veía raro. Mientras caminaba por la casa comencé a notar una serie de detalles que no había visto la noche anterior, es que vivo solo y no soy ordenado a decir verdad. Dentro de la rareza me encontré en la cocina, donde estaba el desayuno preparado, ¡eso si fue una sorpresa!. Pero no veía a nadie, me pregunto ¿habrá venido Diego?. ¡No!, no lo creo, tan temprano. Pero bueno me digo, no voy a desperdiciar un desayuno tan bien preparado, aunque me asusta un poco este misterio que envuelve a la mañana.
Salgo fuera de la casa, en el séptimo piso de un edificio que ya tiene sus años y no, no tiene ascensor. Tranquilos, eso se refleja en el bajo costo del alquiler. Eso si, si alguna vez pretendo llegar a estar con alguien no creo que vivir acá sea lo ideal, ya que es muy pequeño.

Comenzar el día en Buenos Aires tiene su color, pero a medida que vas caminando te das cuenta de qué ánimo vas a tener para tratar con la gente, ya que el calor en esta época marca el ritmo de los embotellamientos, los colectivos llenos y el subte derritiéndose bajo la tierra. El primer lugar que visito es el kiosco de diarios de la esquina y entre comentarios del clima, el fútbol del fin de semana, las maravillas de la tecnología, etc. Ramón el diariero me dice: "¡pibe que bien acompañado que andás!", el ímpetu que puso a la frase me confundió, ya que los pocos que me conocen saben de mi actual situación sentimental. Entonces le pregunto ¿por qué me dice eso?, a lo cual responde sonriente: cuídala, mirá que uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde eh. Me quedo mirando con cara de no entiendo nada, pero bueno este hombre a veces sale con cada cosa que mejor dejarla ahí. Igual, esto sigue sumando a un día ya inquietantemente extraño.

Llegando al trabajo busco a la recepcionista, a quién siempre saludo solo para coquetear un poco. No encuentro ni una mueca en su cara hoy y hasta parece no importarle el hecho de saludarme. Algo le debe estar pasando a esta chica, pero no indagaré, quizás solo tiene uno de esos días.
En la oficina todos actúan de una manera diferente hoy y ya está comenzando a molestarme, muchachos solo es lunes no se estanquen hoy, sino que nos queda para el resto de la semana, les digo. Los mas grandes me dicen: vos porque recién empezás, esperá a pasar un par de años así y ese animo tuyo sabés donde quedará, solo en tus recuerdos. A lo que no respondo nada, solo para no seguir con la absurda charla molesta de los lunes.

Así pasó el día, con muchas situaciones y comentarios que me sonaban fuera de lugar. Con cierta sensación de malestar mental, decidí volver a casa directamente y sin hacer ninguna parada extra. Ya subiendo lentamente por los escalones del viejo edificio, comienzo a sentir un peculiar aroma, entremezclado con la música de algún intérprete latino; el ritmo pegadizo hace amena la subida por la escalera.
Mientras me aproximo a mi destino, me sorprende escuchar la melodía cada vez mas cercana, al igual que ese aroma, ya distintivo de un perfume que me transporta a alguien. Una mujer, una chica que no logro descifrar en mi mente, de qué lugar o situación recuerdo. Pero es su aroma.
Finalmente llego a mi lugar, y para la definitiva sorpresa: toda esa música proviene de mi casa, la puerta está entre abierta. Y allí está ella, con su sonrisa esperándome, me mira como cuando nos miramos por primera vez; lo recuerdo todo. Mi vida, mi antigua profesión, los caminos que tomé y los que atravesé para estar junto a ella. Ella es mi amor, ella me salvó y acompaña cada día y cada instante, aunque no la pueda recordar, o no la vea por momentos. Todo se vuelve claro: aquel accidente de mi época de pescador, ese golpe y la amnesia que no me deja avanzar. 
Todas las frases que no tuvieron sentido hoy, fueron por esta maravillosa mujer que tengo frente a mi en este momento, quien me espera con una sonrisa, sabiendo que esa es la llave para abrir sus recuerdos en mi mente.
Ella es la chica que me devuelve la vida, la chica que solo no veía yo.

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